BARBA AZUL FEST: El día que el Beni tejió un escudo de esperanza para su ave emblemática
René Mijail Ibañez
Coordinador Conservación de Loros Bolivia - CLB
Hay días en los que la magia sucede, días en los que la naturaleza nos convoca y el corazón de una ciudad entera late al unísono por una causa. Lo que comenzó como un sueño enfocado en cobijar bajo nuestras alas a la Paraba Barba Azul (Ara glaucogularis), esa joya biológica en Peligro Crítico que adorna exclusivamente los cielos de los Llanos de Moxos, terminó transformándose en una de las movilizaciones socioambientales y culturales más hermosas y vibrantes en la historia reciente de Trinidad. Imaginen el Campo Ferial completamente desbordado de vida, recibiendo caravanas de buses repletos de sonrisas de los estudiantes y delegaciones que viajaron desde las provincias, marcando un hito sin precedentes que hasta el mismo Rector de la Universidad Autónoma del Beni se hizo presente para inaugurar esta gran fiesta de la conservación.
Pero este milagro no floreció de la noche a la mañana; el verdadero hechizo de nuestra masiva convocatoria se tejió durante meses de sembrar esperanza. Impulsados por una alianza soñadora entre la Fundación CLB, la Dirección de Extensión e Investigación (DIE) y el Instituto Universitario de Arte (IUA) de la Universidad Autónoma del Beni (UAB), emprendimos un viaje por escuelas, colegios, institutos y facultades. Íbamos con un propósito claro: tocar el alma de los estudiantes. Les mostramos fotografías íntimas de los pequeños pichones descansando en nuestros nidos artificiales y, con la misma honestidad, les revelamos la dura realidad de su hábitat amenazado. Queríamos que cada joven descubriera que su vocación y sus talentos eran las armas más nobles para defender la vida. Esa semilla de amor y conciencia, plantada con tanta ilusión en cada taller, fue el motor invisible que terminó abarrotando el campo ferial.
Caminar por el festival era emprender un viaje fascinante. Como anfitriones, en la Fundación CLB levantamos un pabellón interactivo de tres niveles que era pura emoción. En la primera parada, una dulce «escuelita» recibía a los más pequeños, quienes, con las manos manchadas de pintura, daban vida a la Paraba Barba Azul bajo la guía cariñosa de nuestro equipo, rodeados de una galería de dibujos infantiles ganadores de años pasados. Al subir un nivel más, te encontrabas de pronto en medio de las sabanas: réplicas exactas de nuestras cajas nido y videos cautivadores de cámaras trampa hipnotizaban a grandes y chicos, revelando los secretos mejor guardados de nuestras aves silvestres. Y en lo más alto, como guardianes de la vida, nuestro equipo veterinario del Centro de Custodia “Paraba Barba Azul” (CCFSPBA) compartía con ternura y profesionalismo los milagros de la rehabilitación, enseñando cómo sanan a las parabitas rescatadas del mascotismo y el rigor con el que cuidan a las aves repatriadas que han vuelto para salvar a su especie.
De pronto, entre el bullicio alegre, el acento loretano te invitaba a detenerte. Era la voz de la cuna misma de la paraba. Allí estaban los entusiastas estudiantes de la Escuela Perfecta Viuda de Bejarano, compartiendo los proyectos ambientales que nacen en su tierra, acompañados por el Club de Observadores de Aves de Loreto (COAL), quienes demostraron con orgullo cómo el turismo de naturaleza ha llevado prosperidad a sus hogares, dejando claro que nuestra paraba vale infinitamente más volando libre en el cielo que en una jaula. A su lado, los valientes guardaparques del APM Gran Mojos compartían anécdotas de sus patrullajes bajo el sol, mientras que, en un frente unido por la ley y la conciencia, la Gobernación del Beni y los oficiales de POFOMA educaban a la multitud, recordando con firmeza que el hogar de la fauna es la selva, no nuestras casas.
El arte, por supuesto, fue el lenguaje universal de la jornada. El ambiente se endulzó con los violines y la música en vivo que acompañaban la magistral exposición de cuadros del Instituto de Bellas Artes Arnaldo Ligerón. Pero el instante que robó los suspiros de todos fue la irrupción de los tradicionales Macheteros de Loreto. Al ritmo de la danza, lucieron tocados tan majestuosos y reales que el público enmudeció de asombro, un asombro que se transformó en una ovación cerrada al descubrir que aquellos plumajes eran cien por ciento artificiales, un tributo deslumbrante que demostró que podemos abrazar nuestras tradiciones sin arrancar ni una sola pluma de nuestra fauna.
La creatividad universitaria brotaba en cada rincón. Era fascinante ver a los futuros periodistas de la Facultad de Comunicación transmitiendo en vivo desde un moderno estudio de televisión móvil, grabando un podcast que llevó el canto de la paraba a las redes sociales. A unos pasos, la curiosidad despertaba en el museo itinerante del CIRA y en las ricas colecciones de ecología y medio ambiente de la Biblioteca Central de la UAB, mientras los jóvenes de Educación y Educación Física contagiaban su energía liderando juegos al aire libre y lienzos pintados en vivo.
Toda esta fiesta de vida abrazó también a quienes nutren nuestra tierra y nuestra economía. El Mercado Campesino nos maravilló con sus artesanías ecológicas, demostrando la belleza de lo sustentable, mientras el restaurante El Tábano nos invitaba a repensar nuestra alimentación, siendo el único recinto oficial del programa nacional de aprovechamiento sustentable, enseñando que las buenas prácticas también salvan a las sabanas. El turismo amigable brilló con iniciativas como el barco Reina de Enín, y el Banco Prodem tendió puentes de futuro buscando proyectos para sus programas de responsabilidad social. Todo esto ocurría mientras el Club de Observadores de Aves del Beni sumaba nuevos soñadores a sus filas y la infatigable EMAUT aseguraba que, en medio de tanta celebración, la limpieza y el reciclaje fueran los invitados de honor.
Y, sin embargo, describir a cada uno de los héroes y participantes de esta jornada sería una tarea casi imposible, porque el inmenso recinto de la Fexpo Beni estaba, literalmente, rebosante de vida, luz y color. Hubo muchísimos más participantes, institutos de arte desplegando su inmenso talento, entidades públicas adicionales y organizaciones que armaron sus propios stands con una ilusión que contagiaba el alma. Caminar por aquellos inmensos pasillos llenos a tope era perderse en un mar infinito de voces ciudadanas donde cada rincón, cada cartel y cada mirada respiraba ecología, cuidado del medio ambiente y un amor genuino por nuestra tierra.
Al caer la tarde, el Barba Azul Art Fest nos regaló una certeza hermosa y rotunda: la conservación de nuestra Paraba Barba Azul ha dejado de ser la lucha solitaria de unos pocos románticos. Hoy, es un latido profundo en el corazón de todo el Beni. Cuando los niños, los artistas, los universitarios, los banqueros, las autoridades, los campesinos y las comunidades originarias se toman de las manos, no hay amenaza que los venza. Juntos, hemos pintado un escudo humano, alegre e impenetrable, para que nuestro patrimonio natural vuele libre, hoy y para siempre.
